Eres amable, cariñoso y buscas constantemente amor.

No eres conflictivo ni te gustan las peleas pero cuando te buscan, te encuentran, siempre. De repente, ese ser tan “frágil” que parecía que eras se transforma en la peor bestia del mundo. Te has encabronado sí, y te has quitado esa coraza tan dura que siempre te pones para pasar a volverte casi loco. A ti no te cabrea casi nada, tú pocas veces empiezas un conflicto, poquísimas.

Abogas por el diálogo, la comprensión y la empatía antes que cualquier cosa pero el problema es que, cuando te provocan, te metes en las peleas rápido. No permites por nada del mundo que te ataquen, que se ceben contigo porque creen que puedes ser “débil” o porque piensen que no te defenderás si te pisotean. Nada de eso. Sacas tus dientes y tus uñas, hacen comentarios hirientes y sobretodo echas en cara lo que has aguantado por tanto tiempo, que probablemente haya sido mucho. Si la pelea se extiende y siguen atacando empiezas a soltar por tu boca lo peor del mundo, puedes llegar a insultar e incluso sacar tu ira de otras formas que al final te perjudican, como por ejemplo dar un golpe a la primera pared que pillas por no romperle la cara a alguien.

No puedes alejarte a coger aire y volver con más fuerza, si algo se empieza tiene que acabarse, y tienes que dejar muy claro que a ti nadie te hará daño gratuitamente… Después de todo eso, cuando te quedes sin fuerzas, te acabarás por sentir mal, mal por meterte en los juegos de los demás, por haber perdido los papeles, por haber dejado que el resto “gane”. Eso es lo que querían Cangrejo, verte así.