No es que te gusten las confrontaciones pero eso sí, quien te busca te encuentra y siempre vas a estar preparado para callar bocas. Lo tienes claro.

Te encabronas sí, pero no por todo, si alguien dice algo absurdo simplemente piensas que es imbécil pero si alguien te traiciona o juega con tu mente, entonces sí que te enfadas. Y mucho. No perdonas y no olvidas, a no ser que la persona que te ha hecho enfadar sea lo suficientemente inteligente como para pedirte perdón, y de corazón, además de demostrar, efectivamente, que quiere ganarse tu confianza otra vez. Porque además de todo ese rencor que puedes acumular, dejas de confiar, y dejas de hacerlo radicalmente. Y sin eso no hay ni amistad, ni amor, ni nada.

Cuando te encabronas, por tu mente pasan las peores ideas del mundo: venganzas, revanchas, ajustes de cuentas…

Y la verdad es que esas ideas tardan en disiparse de tu cabeza. No es fácil que se vayan porque, a pesar que de que quieras, sabes que si es una injusticia esa injusticia debe pagarse. Si te hacen enfadar mucho, puedes perder los papeles fácilmente, además, sabes ser la persona más cruel de la tierra y para que te hagan llorar a ti mejor haces tú llorar al resto. Sí, quizás parezca todo un poco oscuro, pero por muy fuerte que parezcas por fuera, por dentro estás roto también, y sufres, y lo pasas mal, y las palabras de los demás pueden hacerte muchísimo daño… No eres de hierro Capri. Y cuando haces ese daño al resto es porque tú has sentido lo mismo o incluso más daño por los demás. La “maldad” no te sale de la nada.