Como todo el mundo, Aries, tú también tienes sus más y sus menos. Por mucho que intentes estar bien todo el rato, hay veces que no puedes evitar caer en lo negativo. Aries, reconócelo, tienes tus momentos buenos y tus momentos no tan buenos…

En tu mejor momento, eres una persona que está lista para enfrentarse al mundo, llena de confianza y muchísimo entusiasmo. Cuando sacas todo tu poder, Aries, eres un líder nato al que todos miran y al que todos hacen caso. No dudas en tomar la iniciativa y luchar contra todos los contratiempos que sucedan en tu camino. Eres exigente, pero no te castigas por ello. Eres exigente porque quieres que las cosas se hagan bien y salgan de la mejor manera posible. Pero en tu mejor momento, también eres muy romántico, eres protector y te preocupas mucho por tu gente. Sabes cómo sacar una sonrisa. Cuando estás en tu mejor momento, la sonrisa no desaparece de tu boca ni en un solo momento.

En tu peor momento, Aries, te conviertes en una persona muy posesiva y bastante territorial. Cuando estás mal, lo último que quieres es que alguien toque a alguien de los tuyos. Sacas a la luz tus garras y tu lado más dominante. Dejas tu lado líder de lado, para dejar paso a tu lado más mandón y autoritario. Crees que sabes cuál es la mejor forma de manejar las cosas, incluso cuando no tienes ni idea de ello. Tienes un fuerte carácter, Aries, y no puedes hacer nada por controlarlo. Dejas que la ira invada tu vida y arrasar con cualquier cosa o cualquier persona que se ponga en tu camino. Tu problema, Aries, es que te aburres fácilmente con cualquier cosa y estás siempre buscando ponerle más emoción a tu vida.