Las discusiones suelen ser dolorosas y molestas, porque a pesar de todo, nosotros no estamos siempre preparados para el conflicto. Podemos intentar evitarlos, pero al final, siempre nos daremos cuenta de que de vez en cuando es necesario discutir. Discutir con Aries es algo no recomendable para todos los públicos. Es puro fuego y eso tiene sus cosas buenas, pero también sus cosas malas. Esa chispa a veces es necesaria para encender la positividad, pero también es esa chispa la que puede llegar prender fuego a todo lo que le rodea.

Y lo peor de Aries es que SIEMPRE tiene que tener la última palabra, pase lo que pase.

Siempre tiene que ser él/ella la persona que calle a los demás y quién lleve la razón. No importa lo que esté sucediendo, Aries siempre tiene que quedar por encima como la espuma. Su orgullo no le permite quedarse callado y mucho menos, aceptar que ha perdido y que no tiene la razón.

Discutir con Aries es como estar peleando con el propio fuego. Enseguida pierde los papeles, la razón e incluso los argumentos, pero aún así, sigue peleando para defender lo que es suyo. Y es que eso de tener la última palabra, a Aries le permite sentirse victorioso y tener un sentimiento de poder sobre todos los demás. Pero, sin embargo, y lo mejor de todo, es que el enfado y la ira de Aries no durará mucho tiempo. Igual de impaciente que es para unas cosas, lo es para otras.

Aries no aguanta mucho estando enfadado. Una vez que las cosas se enfrían y se da cuenta de todo el numerito que ha montado por nada, las inseguridades vuelven a su cuerpo. Puede que Aries sea el primero en sacar las garras y en atacar, en eso no hay duda. Peleón es un rato. Pero también, Aries es el primero en agachar las orejas y disculparse cuando sabe que no ha tenido razón o cuando se ha dado cuenta de que sus formas no han sido correctas. Puede ser muy orgulloso y puede liarla muy parda cuando alguien le lleva la contraria, pero después, cuando todo se calma, Aries vuelve a ser el mismo de siempre.

Discutir con Aries no es nada fácil, porque dentro de su interior tiene un pequeño monstruo al que alimentar.