Piscis siente sus emociones con una intensidad única. Y es raro verlo realmente enfadado o con el cable cruzado. A lo largo de su vida, ha trabajado arduamente para controlar sus sentimientos, y esas experiencias le han enseñado a manejar la ira. Sin embargo, hay momentos en los que ni siquiera Piscis puede contenerse. Aunque siempre intenta mantener la calma, incluso en los ambientes más tensos, no siempre logra ser pacífico. En ocasiones, la rabia lo supera, y se ve obligado a alzar la voz contra las injusticias, especialmente cuando alguien a su alrededor está sufriendo.
Piscis tiene un instinto natural de protector, como un defensor del pueblo, y a menudo se mete en problemas simplemente por intentar ayudar a los demás. No puede evitar intervenir cuando ve que alguien está siendo dañado. Y en su esfuerzo por proteger a los más vulnerables, a veces se olvida de sí mismo.
Pero cuando Piscis realmente ataca, el mayor daño lo sufre él mismo. Se enfada consigo mismo por haber soportado tanto, por haber permitido que le hicieran daño, y por ser tan bondadoso que, en su opinión, llegó a ser ingenuo. Este enfado interno puede ser devastador, llevándolo a una espiral de autodestrucción por razones que, en realidad, no fueron culpa suya. Así es Piscis: su sensibilidad lo lleva a cargar con culpas que no le pertenecen.
Después de estos episodios, Piscis necesitará mucho tiempo para sanar, para volver a ser la persona que era antes. Su corazón, herido por la intensidad de sus propias emociones, requiere tiempo para recuperarse, para volver a soñar con la misma esperanza que tenía antes de que todo se desmoronara. Piscis rara vez pierde el control, pero cuando lo hace, es porque algo realmente lo ha lastimado.
Cuando Piscis se vuelve loco, su ira es silenciosa pero profunda. Y aunque pueda parecer que ataca a otros, el mayor daño lo sufre él mismo. Porque cuando las emociones de Piscis se desbordan, no solo enfrenta a los demás, sino también a sus propios demonios internos. Y la recuperación no es fácil ni rápida.