Como todo el mundo, Leo, tú también tienes sus más y sus menos. Por mucho que intentes sacar siempre ese león que llevas dentro, hay veces que no puedes evitar dejarte llevar por tu lado más dramático. Leo, reconócelo, tienes tus momentos buenos y tus momentos no tan buenos…

En tu mejor momento, eres el mejor de los mejores, Leo, hay que aceptarlo. Transmites una buena vibra que hace que todo el mundo quiera tenerte en su vida. Eres divertido, encantador, amable, optimista. En días así, en tu mente no hay espacio para la negatividad, solo para lo bueno que te ofrece la vida. Eres un fuerte apoyo para los demás y eres capaz de inspirar a todo el mundo con esa confianza que tienes en ti mismo.

Eres súper protector con tu gente, te preocupas muchísimo por cuidarlos y luchas contra cualquiera que intente aprovecharse de ellos. En tu mejor momento, Leo, eres una persona fuerte, segura de sí misma y súper atractiva. La gente te envidia y tú lo sabes, la gente te mira como si acabases de caer del cielo. Eres totalmente imparable cuando estás bien.

Pero en tu peor momento, Leo, te conviertes en todo lo contrario. De buenas, eres el mejor y lo sabes, pero de malas… Madre mía. No es que seas egoísta, sino que simplemente no quieres que nadie entre en tu vida, nadie toque tus cosas, nadie te dé consejos. Eres muy dramático, reconócelo, crees que nadie podrá estar como tú y que todo lo malo te pasa siempre a ti. En lugar de desahogarte o de buscar ayuda, intentas convencer a los demás de que no te pasa nada, hasta que hagan algo mínimo que no te guste y saques a la luz todo es carácter que estabas intentando disimular.

No pides ayuda porque crees que tú eres capaz de todo, porque crees que nadie va a estar a la altura para ello. Pero, Leo, en tu peor momento, debes de dejar esa terquedad y cabezonería de lado, abrir un poquito tu mente y tu corazón y desahogarte con quién lo necesites. Sabes que al final, cuando lo sueltas todo, tu vida vuelve a la normalidad…