El poder puede residir en muchos de nuestros rasgos, está dentro de nuestra personalidad y también dentro de nuestra mente. Hay muchos de nuestros rasgos que pueden llegar a convertirnos en una persona súper poderosa, simplemente tenemos que sacar todo nuestro potencial a la luz. A ti, Tauro, lo que más poder te da es esa disciplina que tienes siempre.

Eres una persona que SIEMPRE cumple con su palabra, con sus compromisos y con sus responsabilidades. Pase lo que pase, tú siempre tienes que cumplir con tu palabra, incluso cuando lo único que te apetece es quedarte en la cama y no hacer absolutamente nada.

Hay veces que la pereza se adueña de ti y de todo tu cuerpo, pero si tu mente sabe que tiene que cumplir con algo, esa pereza desaparece por completo.

Todo lo que empieces, lo tienes que acabar. Todo lo que hayas prometido, lo tienes que cumplir. Esto es lo que te hace llegar al éxito, lo que te hace sobresalir entre la multitud y ser una persona tan poderosa. Nunca te rindes, Tauro, y mientras todos los demás están pensando en qué van a hacer, tú ya te has puesto a trabajar en tus objetivos.

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Lo que también te hace ser una persona poderosa, Tauro, es que siempre te preocupas por tener los pies en la tierra. Otros signos son más de dejarse llevar por sus emociones o por lo que dicen los demás y eso les hace terminar perdiéndose en tu propio camino. Pero tú, Tauro, siempre tienes claro de donde vienes y a donde vas, por mucho que intenten distraerte, tú seguirás caminando firme hasta llegar a tu destino. Esto además te ayuda a tomar las decisiones correctas y a no perderte en tus propios sueños o en tu propia mente.

Tener bien claro tus ideas, Tauro, es lo que hace que siempre llegues allí a donde te propones.

Sabes que el camino no va a ser fácil y que va a haber gente que intente hacerte caer, pero tú nunca te dejas llevar por su palabrería. Eres muy desconfiado y gracias a eso estás donde estás hoy en día. Es obvio que todo esto tiene sus ventajas y sus desventajas y tener las ideas tan claras a veces te hace ser bastante cabezota. Pero es que, gracias a esa terquedad y a esa cabezonería, hasta que no consigues lo que quieres no paras. Hay veces que nuestro peor defecto puede llegar a convertirse en la mejor virtud.