Seguro que conoces a alguien capaz de explicarte durante diez minutos por qué llegó tarde, pero incapaz de decir perdón en dos segundos. Esa persona trae la explicación preparada, con sus causas, sus circunstancias y hasta su dramatización, pero la palabra mágica nunca aparece. Y no es casualidad, porque hay signos que tratan la disculpa como si fuera un trámite humillante en una ventanilla cerrada.
Conviene aclarar que una excusa y una disculpa no se parecen en nada, aunque se pronuncien con la misma cara de pena. La excusa sirve para que uno quede bien, mientras que la disculpa sirve para que el otro se sienta mejor. Estos cinco signos dominan lo primero a la perfección y llevan toda la vida sin practicar lo segundo, y se nota. Así que ten paciencia y no esperes que nadie te mire a los ojos para pedirte perdón. Sigue leyendo para descubrir cuáles son los signos que siempre tienen una excusa, pero nunca una disculpa.
Géminis
Cuando un Géminis te falla, lo que recibes no es una excusa sino un espectáculo con principio, nudo y desenlace. Te cuenta que se le cruzó un vecino, que el vecino tenía un problema con el perro y que el perro se escapó. Lo cuenta con tanta gracia, con voces y todo, que a mitad de relato ya te has olvidado de lo que te hizo. Terminas riéndote y pensando que hasta ha sido un buen rato, justo lo que él pretendía.
Para alguien que es Géminis, esa anécdota es el pago de la deuda, porque entretenerte le parece una compensación más que suficiente. En su cabeza ya ha cumplido, así que pedir perdón después de haberte hecho reír sería cobrar dos veces. Lo malo es que tú sigues con el enfado guardado en un cajón, esperando la parte donde él reconoce algo. Esa parte no existe, porque el guión ya estaba cerrado antes de que llegaras, y además con aplausos.
Virgo
Un Virgo no se excusa, te presenta un informe de incidencias con horas, causas y una reconstrucción de los hechos. El tren salía a las ocho y diez, la alarma sonó a las siete, pero el móvil estaba en otra habitación. Todo está tan bien documentado que acabas dudando de tu propia memoria y casi le pides perdón tú a él. Eso es lo más inquietante, que consigue que te sientas culpable por haberte enfadado con alguien tan detallista.
Pero la clave está en que para él la disculpa ya la ha hecho, y la ha hecho en privado, contigo ausente. Esa misma noche cambió la alarma, movió el móvil de sitio y apuntó una nota para el futuro. Para un Virgo, arreglar el fallo es la verdadera disculpa, y repetirla en voz alta le parece cerrar dos veces la misma incidencia. Tú solo querías oír una palabra de seis letras, y esa se la guarda para otra ocasión.
Escorpio
Cuando le reclamas algo a un Escorpio, te suelta una excusa tan vaga y tan elegante que no hay por dónde cogerla. Te dice que han sido semanas complicadas, y con eso da por cerrado el asunto, sin un solo detalle. Ni cuenta qué pasó ni con quién, porque contar detalles significa abrirte la puerta de su casa y enseñarte el desorden. Y tú te quedas ahí, con la sensación de haber recibido una respuesta, aunque en realidad has recibido una puerta.
Lo que pasa es que una disculpa de verdad obliga a contar qué le pasaba por dentro, y eso es dejarte entrar sin avisar. Prefiere mil veces que pienses que es un maleducado antes que enseñarte lo que ocurrió detrás de la cortina. Para alguien que es Escorpio, quedar como un borde es un precio barato comparado con quedar como alguien al que le dolió. Olvídate de oírle decir que lo siente, porque antes se le cae un diente que decirlo.
Sagitario
La excusa de un Sagitario siempre viene con regalo, y el regalo es una compensación tan grande que da vértigo. Te dice que ya verás, que el año que viene te lleva a Lisboa y que tu cumpleaños será legendario. Lo dice de corazón y con los ojos brillando, y tú, que eres humano, empiezas a mirar vuelos sin darte cuenta. Lo único que no te dice es que lamenta haberte dejado plantado, que era justo lo que de verdad necesitabas oír.
Pedir perdón le parece un gesto minúsculo, y él solo se siente cómodo con las cosas que se ven desde el espacio. Decir lo siento le cuesta diez segundos, pero planear un viaje de reconciliación le da semanas de ilusión. El problema es que el viaje nunca llega, porque el plan crece tanto que acaba siendo imposible de cumplir. Así que tú terminas sin disculpa y sin viaje, y con una sensación rara de estar esperando un avión que nunca despega.
La razón por la que te cuesta tanto soltar a alguien según tu signo
Piscis
Un Piscis sí se disculpa, pero lo hace dentro de su cabeza, con tanta intensidad que cree que el mensaje te ha llegado. Se pasa la noche dándole vueltas, se siente fatal, llora un poco con una canción y le pide perdón al techo. A la mañana siguiente llega a verte con una expresión de haber vivido una tragedia y se sorprende de que sigas enfadado. Para él ya lo ha dicho todo, solo que en un idioma que hablan los peces.
Cuando por fin le pides explicaciones, su excusa es que lo sintió muchísimo, como si sentirlo fuera una forma de arreglarlo. Para alguien que es Piscis, sufrir por dentro cuenta como disculpa pagada, y el que no lo vea es un insensible. Así que tú, que querías un perdón normal de los de siempre, acabas consolándole por lo mal que lo pasó. Sales de la conversación con un abrazo, pañuelos y cero disculpas, que es su manera de empatar.