Con Aries todo era fácil, aunque a veces lo quisiera hacer difícil.

Aries tenía su genio, su carácter, una personalidad fuerte, impulsiva, una personalidad que parecía no tener miedo a nada ni a nadie. Pero sí que los tenía. Aries era frágil y necesitaba su espacio de vez en cuando, necesitaba estar en su mundo y disfrutar de él. Casi todo el mundo tenía una imagen equivocada pero Aries ya lo sabía y es más, no le importaba para nada. Hasta le gustaba sí… Que le temieran un poco. Era cuestión de ego, sólo eso. Aries era honesto y noble. Destacaba por tener estados de ánimo un poco cambiantes, por chillar y gritar cuando algo no salía como quería, incluso por ser algo caprichoso. Pero eso era sólo una mínima parte de lo que en realidad albergaba dentro.

Aries no entregaba su corazón fácilmente a nadie.

Tenía muchas ilusiones, más de la cuenta, pero la línea del “gustar” al “amar” no la cruzaba fácilmente. Aries era sensible y daba todo de sí mismo/a cuando se enamoraba, y de ahí vinieron esas decepciones con las que cargaba a cuestas como si pudiera con ellas sin problema. Aries fue descuidado/a en el pasado y eso sólo terminó con mucho dolor en su corazón. Se fijaba en lo que no debía, a veces en quien no debía, y por eso llegaban los desengaños.

No era difícil de llevar. Sólo había que saber dar en la tecla.

Quería ser tratada como una prioridad y no sólo como una opción, quería tener respuesta a los mensajes que mandaba, quería que las promesas se mantuvieran hasta el final. Aries siempre estaba pendiente del resto pero el resto no estaba siempre pendiente de él/ella. Si tenías algún problema era el/la primero/a en defenderte, en sacar la cara por ti, si veía que algo era injusto, saltaba como los gatos y sacaba sus uñas por lo correcto… Es normal que la gente no se olvide de Aries… Era tan especial, que incluso con sus “taras”, siempre mereció la pena.