Hay lecciones que te dejan huella, que se quedan ahí, en lo más profundo de tu corazón y se convierten en uno de los acompañantes más bonitos de tu vida. Los consejos de mi madre son los que no pienso soltar, los que honro y cada vez que los días se ponen pesados o muy felices, vuelvo a los recuerdos de mi memoria y abrazo todo lo que un día mi madre Géminis me enseñó. A veces, lo decía, a veces lo callaba, pero cada una de sus acciones me dejó un aprendizaje. Ella era así, impredecible, divertida, la que siempre tenía la mejor idea para romper con la rutina. Era quien nunca paraba, su energía estaba hasta el cielo, incluso después de hacer sus labores. Sus abrazos los llevo en el alma y sus besos en mi frente ahí se quedaron. Si la vida me volviera a preguntar, sin duda, mil veces la volvería a elegir por todas estas razones y muchas más:

1.- Lo amargo no es tan malo

Mi madre Géminis me enseñó que la vida es así, nunca avisa, de la nada se le antoja sacudirte hasta que el dolor te carcome el alma, pero aún así tienes que levantar la mirada. Sí, se vale llorar hasta el amanecer, se vale gritar, enojarse, pero después de todo el derrumbe hay que juntar los pedazos para hacerle honor a la valentía. El Sol siempre vuelve a salir, vi a mi madre llorar tantas veces y aún así tenía tiempo para sonreír.

2.- Los amigos son un abrigo

Mamá decía que no hay una cantidad exacta de amigos. A veces, quien menos te imaginas se convierte en el apoyo que necesitabas. Los amigos llegan así, son impredecibles, la vida te los envía justo cuando más los necesitas. Por ello, no hay que cerrarse, hay que recibir y dar amor de forma incondicional. Nunca es tirar a la basura tu tiempo, porque si alguien te traiciona igualmente vas a aprender una lección, pero no cierres tu corazón por alguien que no vale la pena.

3.- La familia no es primero

Sí, lo hemos leído muchas veces. Creemos que está bien desgastarte hasta que ya no puedas más por tu familia, pero…ese es un error. Tú eres quien necesita estar bien primero para poder ayudarlos a ellos. De lo contrario, lo único que va a pasar es que terminarás desgastándote emocional, mental y físicamente. La familia es el nido al que siempre puedes volver para tomar fuerza, pero no intentes arreglarles la vida, porque se te puede ir la tuya.

4.- Si la vida te da limones, haz limonada

Hay momentos en los que la vida te toma con fuerza, en los que tienes que soportar una cosa tras otra. Los obstáculos son una realidad, pero hay dos opciones frustrarse o tomar las cosas con valentía y lanzarte al ruedo. De nada te sirve acumular rencor en tu corazón, al final eres tú quien se enferma. Mi madre Géminis me enseñó a soltar, a entender que cargar con la culpa es lo peor que puedo hacer. Ahora, cuando todo sale mal miro hacia el cielo buscando un poco de aliento y luego suelto esa angustia, porque si ya no está en mis manos no puedo hacer nada.

5.- La educación a tu favor

Ante todo, la educación, fue mi madre quien me enseñó que ir con diplomacia ante la vida no tiene nada que ver con un título y aquellos que la tengan son bendecidos, porque es una manera muy cordial de mantener la cordura. Aprendí que aquél que pierde el control, pierde la razón y sin la lógica no puedes llegar fácilmente a un acuerdo, terminarás discutiendo por todo y por nada. La tranquilidad de poder negarte a algo sin perder los estribos es maravillosa.

6.- Nada vale tu preocupación

Sí, a mi madre le decían loca, cambiante, temperamental. Pero pocos tenían la valentía de darle vuelta a la página a algo que no los hacía felices. Ella me enseñó que nada es tan importante como para poner en riesgo tu salud mental. Todo aquello que no te cause una sonrisa, que te llene de lágrimas, que te haga gritar al cielo de una manera desesperada, todo aquello es sinónimo de asfixia y no merece más tu atención. Si le abres las puertas estás aceptando que te destruya a su antojo y eso no es vida.

7.- Abrazar la infancia

Fue mi madre quien me enseñó que todo se te puede ir en un abrir y cerrar de ojos. No vale la pena perderte en el trabajo, en las preocupaciones, en las deudas. A veces, sólo se trata de soltar, de abrazar la infancia y dejar de lado todo por un instante. Cuando la vida se pone pesada puedes aferrarte a tu libertad, haciendo eso que hacía latir tu corazón de niño. El tiempo en el que podías correr, saltar, gritar, el tiempo en el que tu corazón no entendía de rencores y simplemente te perdías en la forma de una burbuja. ¿Cuándo fue la última vez que intentaste hacer burbujas?

8.- Llorar es de fuertes

No, llorar no es débiles, es de aquellos que tienen el valor de abrazar sus emociones. De los que no temen sentir las lágrimas corriendo por su rostro, de los que sueltan la mala racha y simplemente se lanzan al éxito. Nunca te des por vencido, aunque sientas que las grietas en el alma ya no te dejan respirar. Porque llorar te limpia, saca todo eso que no te deja avanzar y justo cuando te sientas relajado enfrenta con dignidad, levanta la cabeza y date la oportunidad de intentarlo una vez más.

9.- Lejos de los que te restan

No es fácil aceptar que hay personas que sólo te restan energía, sobre todo, cuando las quieres. Pero no es tu responsabilidad lidiar con sus problemas, no tienes que sentirte culpable por desgastarte por lograr tus cosas y el de al lado te juzgue por eso. Puede sonar egoísta, pero es tu felicidad por la que tienes que luchar, no dejes que te llenen de sombra, no cargues con gente que decide ser un parásito más.

10.- ¿Negro o blanco?

Si hay algo que mi madre Géminis me enseñó es que en esta vida no se trata de negro y blanco, hay momentos en los que amas con grises, (y eso que ella era de blanco o negro). Momentos en los que ya no puedes más, no siempre puedes estar feliz. Está bien sentir que se te va la vida. Está bien amanecer al siguiente día con toda la energía. La vida es eso, altos y bajos, nadie tiene un manual, nadie tiene un propósito claro, pero lo importante es no dejarte vencer. Lo importante es reconocer tus heridas y aprender a quererlas. Ahí está la clave de todo, ahí es cuando entiendes el significado de la vida.