Todo el mundo miente alguna vez, aunque sea para ser amable o para no explicar un plan que ni existe. Lo bonito es que cada signo tiene su propia mentira de cabecera, esa que suelta sin pestañear y con un aplomo admirable. No hablamos de grandes engaños, sino de frases pequeñas que se repiten tanto que acaban sonando a verdad, incluso para quien las dice. Vamos a destaparlas con cariño, aunque algún signo no nos lo vaya a perdonar. Si tu signo tuviera que confesar una sola mentira, sería esta.
Aries
Aries, tú tienes una mentira que sueltas rapidísimo, y es decir que eso ya lo habías pensado antes. Alguien propone un plan, una receta o una forma mejor de colocar la estantería, y tú contestas que justo estabas con eso. Nadie te cree, pero tampoco te lleva la contraria, porque la cara que pones al decirlo es de una seguridad que impone bastante. Lo gracioso es que a veces es verdad, porque la idea te rondó por la cabeza medio segundo.
La razón es que para ti llegar segundo se parece demasiado a perder, aunque no haya ninguna carrera ni nadie esté mirando. Si la idea ya era tuya, no hay nadie que te la haya adelantado, y tu orgullo duerme tranquilo esa noche. Es una mentira de poco recorrido, porque se desmonta sola cuando alguien te pregunta cómo pensabas hacerlo y te quedas sin respuesta. Ahí cambias de tema con un entusiasmo teatral y propones ir a tomar algo, que siempre funciona.
Tauro
Tauro, tú sueltas un me da igual lo que hagamos con una naturalidad de premio, y es la mentira más grande de tu repertorio. Cuando alguien propone un sitio, dices que perfecto, pero a los diez minutos ya has encontrado veinte motivos para descartarlo. La mayoría de las veces acabas en el mismo bar de siempre, que casualmente era lo que querías desde el principio. Y todos hacen como que no se han dado cuenta, por cariño o por puro cansancio.
Lo haces porque tienes la opinión clara desde el principio, pero quieres que parezca que la decisión ha salido de forma natural. Si propones tú y el plan sale mal, la culpa es tuya, y eso te incomoda más que cenar mal. Así tú vetas, ajustas y corriges, y los demás cargan con el riesgo de proponer, que es un reparto de lo más cómodo. Es una estrategia tan redonda que mereces un aplauso, aunque también unos cuantos reproches de tus amigos.
La oportunidad que cada signo suele dejar escapar por miedo a equivocarse
Géminis
Géminis, tú tienes una mentira que repites con una sonrisa, y es decir que acabas de ver el mensaje ahora mismo. Lo cierto es que lo leíste hace tres horas, en el metro, entre dos conversaciones más y una discusión sobre pizza. Contestar al instante te parece demasiado ansioso, y por eso prefieres que el mensaje parezca recién llegado. Entre medias has redactado cuatro respuestas, has borrado tres y has consultado a una amiga cuál sonaba más natural.
Mientes porque tu manera de controlar una conversación es dosificarla, y eso exige parecer menos disponible de lo que estás. Si respondes en un minuto, el otro sabe que tienes el móvil a mano, y eso le da una ventaja enorme. Te encanta jugar con el tiempo, aunque te sale mal, porque la otra persona lleva horas disfrutando de su tarde sin pensar en ti. Así que te haces el misterioso con alguien que ni sabe que existe una estrategia.
Cáncer
Cáncer, tú sueltas un ya ni me acuerdo de aquello con tono de persona que ha pasado página hace años. La verdad es que recuerdas la fecha, la hora, la ropa que llevaba esa persona y lo que dijo justo antes de irse. Incluso podrías dibujar el plano del sitio donde ocurrió, con la posición de las sillas y el camarero que miraba la escena. Pero lo dices con tanta dulzura que la otra persona se relaja y baja la guardia.
Lo dices porque perdonar es un trámite largo y privado, y no quieres que nadie te vea a medio camino. Decir que lo has olvidado es la forma más rápida de que te dejen cocinar tu rencor a fuego lento. El problema es que el rencor, como cualquier guiso, huele, y tarde o temprano alguien en casa nota que algo se está quemando. Entonces lo sueltas todo de golpe, con fechas y horas, y la otra persona se arrepiente de haberte creído.
Leo
Leo, tú dices que eres de planes tranquilos, con la misma convicción que quien jura que mañana empieza la dieta. Un sofá, una peli y una manta, dices, y a las dos horas ya diriges un karaoke con el mando de la tele. A las cinco de la mañana sigues convenciendo a todo el mundo de que esta fue la noche más tranquila del año. Los vecinos, que han llamado dos veces a la puerta, tienen una versión bastante diferente de los hechos.
Lo dices porque te gusta pensar que eres una persona sencilla, sin necesidad de escenario, y de verdad lo crees cuando lo dices. Eso lo hace interesante, porque no mientes a propósito, sino con una sinceridad casi emocionante. Tu intención es sentarte tranquilo, pero el cuerpo te pide acción y el sofá se te queda pequeño en cuanto suena una canción. Y a la mañana siguiente juras que la próxima vez sí, que esta vez fueron los demás quienes se animaron.
Lo que cada signo hace cuando se da cuenta de que ya no es la persona favorita de alguien
Virgo
Virgo, tú sueles decir hazlo como quieras, y el problema es que lo dices con una voz que no engaña a nadie. Pasa una hora y ya estás rehaciendo en silencio la mitad del trabajo, con la excusa de darle un último repaso. Nadie te ve, o eso crees, hasta que alguien encuentra su documento cambiado y empieza a sospechar de tu manía. Cuando te preguntan, contestas que solo has corregido una coma, aunque la coma tuviera cuarenta compañeras de fatigas.
Mientes porque de verdad quieres ser una persona flexible, que acepta cualquier método con una sonrisa y sin darle más vueltas. El problema es que tu cabeza no sabe hacerlo, porque ves un fallo y te zumba como una mosca en la oreja. Así que prometes libertad y entregas una vigilancia discreta, que es una forma de cariño bastante agotadora para los dos. Prueba a decir la verdad un día, aunque sea susurrando, y verás cómo la gente te agradece la advertencia.
Libra
Libra, tú sueltas un te lo digo sin filtro con la cara de quien nunca ha usado uno, y es tu mentira más elegante. En realidad tu filtro tiene tres capas y un lazo, y la verdad llega tan suavizada que apenas se reconoce. La otra persona asiente, da las gracias y tarda dos semanas en darse cuenta de que acababas de decirle algo bastante duro. Tú, mientras tanto, te vas a casa convencido de que has sido de una franqueza heroica.
Lo dices porque quieres ser honesto y agradable a la vez, y esas dos cosas se llevan peor de lo que te gustaría. Cuando toca elegir, te quedas con lo agradable y rebautizas el resultado como sinceridad, porque suena mucho mejor que cobardía simpática. Es un truco que funciona con todos menos contigo, que eres el único que sabe cuánta tela has cortado por el camino. Algún día dirás la frase entera, y te sorprenderá ver que nadie se muere.
Escorpio
Escorpio, tú dices que has llegado al perfil de esa persona por casualidad, con una cara de inocencia que asusta bastante. La casualidad consistió en buscar su nombre, bajar hasta una foto de hace tres años y rozar el corazón con el dedo. Menos mal que se te cayó el móvil a tiempo, porque el universo te echó una mano en el último segundo. Aun así, conoces el nombre del perro nuevo y el barrio donde ahora toma el café.
Lo dices porque investigar es tu forma natural de relacionarte con el mundo, pero admitirlo te parece regalar información. Para ti saber lo que otros ignoran que sabes es una ventaja, y la ventaja desaparece en cuanto la confiesas. Por eso prefieres inventar una casualidad cada vez más enrevesada antes que decir simplemente que sentías curiosidad y te dejaste llevar. La excusa del algoritmo ya la has gastado tantas veces que ni el algoritmo se la cree.
Sagitario
Sagitario, tú escribes estoy llegando desde el sofá de tu casa, con el pijama puesto y sin haber decidido todavía qué ropa llevar. En tu cabeza llegar es un concepto flexible que empieza cuando te pones los zapatos. Mientras tanto, la otra persona te espera en la puerta, mirando cada coche que se acerca con una esperanza cada vez más débil. Tú apareces cuarenta minutos después con un abrazo enorme y una anécdota tan buena que nadie se acuerda de reñirte.
Lo escribes porque en ese instante lo crees de verdad, y tu optimismo calcula los tiempos como un horóscopo. Ves el trayecto sin atascos, sin obras y sin esa parada que siempre se alarga porque te encuentras con alguien conocido. El mundo real, que es un sitio bastante poco colaborador, te devuelve a la realidad con tres semáforos en rojo seguidos. Y aun así la próxima vez volverás a escribir lo mismo, con la misma fe y la misma camiseta arrugada.
El audio de tres minutos que cada signo nunca debería enviar estando enfadado
Capricornio
Capricornio, tú dices que este fin de semana no piensas trabajar, y lo dices con tono de monje recién llegado al convento. El sábado por la mañana ya has abierto el correo solo para echar un vistazo, como quien entra al bar solo a mirar. A mediodía estás respondiendo tres hilos, y el domingo por la tarde ya has adelantado la semana entera con una calma sospechosa. Lo llamas organizarte, aunque tus amigos tienen una palabra más corta y bastante menos amable.
Lo dices porque de verdad quieres descansar, y hasta tienes un plan con sábanas limpias, una serie y una infusión. El problema es que no sabes descansar sin una justificación, y estar sin hacer nada te genera una culpa que no soportas. Por eso conviertes el descanso en una tarea con objetivos, y acabas siendo productivo hasta cuando te tumbas a ver la tele. Si algún día lo consigues, no se lo cuentes a nadie, que tu reputación podría resentirse.
Acuario
Acuario, tú dices claro que te estoy escuchando, y lo dices mientras tu cabeza diseña un sistema de transporte para pulpos. Para disimular repites la última palabra de la frase del otro con cara de profunda reflexión, y casi siempre cuela. El drama llega cuando te preguntan qué opinas y descubres que no sabes si hablaban de una boda o de un divorcio. Contestas con un depende muy convincente y cambias de tema hacia los pulpos, que es terreno seguro.
Mientes porque eres educado y porque tu mente tiene demasiadas pestañas abiertas para quedarse en una sola conversación. No es falta de cariño, sino que tu atención funciona como una radio que cambia de emisora sin avisar. Fingir que estás presente te parece más amable que confesar que acabas de pensar en otra cosa, aunque sea fascinante. La próxima vez confiesa que te habías ido a otra galaxia, porque la gente lo agradece más que una mirada perdida.
Piscis
Piscis, tú dices claro que me acuerdo de ti con una calidez enorme, aunque no tienes ni idea de cómo se llama esa persona. Preguntas por su familia, su trabajo y aquel viaje que seguro que hizo, con un interés que parece auténtico. Es una improvisación tan bonita que la otra persona se va a casa convencida de que es inolvidable para ti. Tú te despides con un abrazo largo y descubres, tres calles más allá, que acabas de prometer una cena.
Lo haces porque notas lo que siente la otra persona antes de que ella misma lo sepa, y no soportas hacerla sentir pequeña. Confesar que se te ha olvidado el nombre te parece una pequeña violencia, así que prefieres una mentira que abrigue. Es la única mentira del zodiaco que nace de la ternura, y eso la vuelve casi simpática aunque siga siendo mentira. Ten cuidado, porque la cena prometida ya tiene fecha y la otra persona va con hambre.
Los signos que siempre tienen una excusa pero nunca una disculpa