Escorpio deja huella, y eso es inevitable…

Es un signo imposible de olvidar, para bien o para mal… Con Escorpio no todo fueron risas ni alegría pero hasta en las peores, cualquiera que le conociera bien sabría que sería capaz de cualquier cosa menos de traicionar a alguien que fue leal con él/ella. Puede parecer muchas cosas aparentemente pero su interior es noble y leal. Algunos ya le han puesto la etiqueta de “malo malísimo del zodiaco”, y es cierto que puede serlo, sobretodo cuando se la hacen, pero en su vida, quizás dos o tres personas han sacado ese lado del Escorpión, no más.

En cuanto conocías a Escorpio sabías de qué pasta estaba hecho.

Por fuera, frío y duro, incluso un poco subidito, como si nadie pudiera mirarle por encima del hombro. Te echaba unas miradas de esas suyas y te ponía a temblar las piernas. Por dentro, un enamorado del amor, alguien especial, con unas dotes increíbles para todo, con una sensibilidad fuerte y con un corazón de oro.

Escorpio lo daba todo por ti.

Tenía mucho sentido común, no era una persona terca si le explicabas con argumentos válidos tu punto de vista, podías conversar con él/ella durante horas y le encantaba todo lo paranormal, las historias sobre el Universo, sobre Ovnis, sobre por qué estamos aquí… Tenía un millón de preguntas y era extremadamente curioso. Quería saberlo todo. TODO. Y tenía mucho que dar, aunque le costaba hacerlo. Le costaba hacerlo porque desconfiaba del mundo, porque, por desgracia el mundo le había engañado más de una vez, en uno u otro sentido. Y todo esto aunque pusiera cara y actitud de malo… Imagínate si la hubiera puesto de bueno… Escorpio era vital, y quería vivir al máximo, y sus ambiciones eran muy altas, quería lo mejor pero para poder compartirlo con los suyos. No quería estar solo, aunque muchas veces lo estuviese…