La vida podía ser maravillosa con Tauro al lado.

No era una persona que pusiera pegas a nada, era fácil de llevar y solamente se enfadaba cuando le sacaban demasiado de sus casillas pero había que pinchar y pinchar todo el tiempo. Tauro era detallista, honesto y extremadamente leal, era una persona simpática que solía caer bien. Trataba de no meterse en demasiados líos y no era la primera persona que empezaba las peleas. Pero era calentito. Mucho. Y quien le buscara acabaría por encontrarle seguro. Sí o sí.

Tauro tenía detalles maravillosos.

No te daba todo a todas horas pero de repente un día, el día menos pensado aparecía con eso que hace semanas estabas esperando, o con eso otro que dijiste que querías y ya incluso a ti se te había olvidado. Tauro lo guardaba todo en su cabecita aunque ni siquiera pareciese interesado. Y eso, lo echas de menos…

Era una persona muy suya, es cierto, y a veces se levantaba con humor horrible.

Y hundía a cualquiera que le dirigiese la palabra pero otros días, la mayoría, era increíble despertar a su lado. Con las personas con las que tenía más confianza hacía bromas constantemente, a veces se pasaba de pesado incluso, pero era muy divertido. Sonreía y trataba de quitarle importancia a los problemas de los demás, para que no se atormentaran más de la cuenta. Sin embargo, Tauro, sí que lo hacía. Se atormentaba muchísimo. Pero no contaba sus problemas a nadie, se los tragaba solito, los digería solito y los solucionaba solito. A veces parecía roto por dentro pero aún tenía buenas palabras hacia el resto, aún tenía fuerza para sacar una sonrisa a los demás… Era noble, fiel, leal y sobretodo cuidaba de los suyos aunque los suyos no siempre cuidarán de él/ella…