Piscis era especial, muy especial. Pero el problema es que te diste cuenta tarde.

Te acordarás de su bondad, de su generosidad y de cómo, al final, siempre hacía lo mejor para ti, aunque no lo fuera para él/ella. Es cierto que Piscis era muy guerrero, que a pesar de su apariencia calmada tenía un genio fuerte, un temperamento caliente que explotaba cuando menos lo esperabas. Piscis no era estúpido, Piscis sabía darte los mejores consejos del mundo y además, los que más te convenían. El problema era que lo menos preciabas, pensabas que podía dar menos de lo que daba, que sabía menos de lo que decía, que valía menos de lo que demostraba.

El Pececito era cariñoso, buscaba afecto constantemente y daba más de lo mismo.

Sabía que el amor y las muestras de cariño son, al fin y al cabo, lo que se mantendría siempre en la memoria, y le gustaba tener esos recuerdos. A veces podías tacharle de pesado, sobretodo cuando te daba esos abrazos que parecían durar horas. Otras veces le llamabas frío, cuando no te miraba a la cara por algo que probablemente le había dolido en el alma.

Lo que echarás de menos de Piscis serán muchas cosas pero sobretodo su aguante.

Echarás de menos esas buenas conversaciones, esa perspectiva diferente que aportaba, cómo abría tu mundo, tu mente, y te sacaba de todos esos círculos viciosos en los que te metías. Te acordarás de sus consejos, de sus reflexiones, de cómo se desvivía por ayudarte y sin embargo no era capaz de seguir sus propias recomendaciones. Echaras de menos esa sensibilidad que tenía a menudo, sus sueños, su manera de ver la vida, su sencillez y a la vez su complejidad… Echarás de menos a Piscis porque como Piscis no hay más…