Cada vez que mirabas a Géminis tenías algo claro, era una de las personas más expresivas que conocías.

Siempre pareció un buen chico, o una buena chica pero tenían una reputación un poco mala, y bastante pesada sí… Géminis ya estaba acostumbrado a que el resto le dijera que si tenía doble cara, que si era mitad ángel mitad demonio… Bla bla bla… Géminis era mucho más que todo eso, muchísimo más… Géminis te escribía mensajes para saber si estabas bien, si habías llegado bien a casa y sobretodo para decirte que te echaba de menos y que lo había pasado genial.

Géminis te decía exactamente cómo se sentía desde el minuto uno.

Y no porque tuviera algún plan, para nada, era porque es tan sumamente espontáneo y natural que le salía así. Y en realidad era la vida que quería llevar siempre, una vida sencilla, una vida sin mentiras ni engaños, sin aparentar nada que no era… Era sincero/a. Cada vez que pronunciaba una frase se encargaba de que fuera verdad, y si en algún momento “adornó” un poco algo, créeme, se lo estaba creyendo. Géminis no quiere ser mentiroso porque sabe que, aunque pueda serlo (y se le daría extremadamente bien) odia mentir.

Géminis se preocupaba demasiado por los demás y no tanto por sí mismo.

Y además, no tenía reparo en mostrarlo. Quería saber si estabas bien, si habías llegado, era amable y respetuoso y no vacilaba ni jugaba con los sentimientos de los demás. Había elegido mal en la vida cuando se había enamorado pero sabía perdonarse a sí mismo y al resto. Géminis era especial y sabía valorar lo que estaba a su lado pero quizás lo dejó escapar porque aún no era el momento…