PISCIS Y EL AMOR

En su mundo emocional, y como buenos soñadores, Piscis quiere el amor pero lo quiere de cuento, y puede ser tan receptivo a él como exigente para cualquier historia que se le ponga por delante. Pero que nadie se asuste porque no es tanto lo que pide. A Piscis sólo hay que entenderlo y lo demás vendrá rodado.

A Piscis se le conquista con fantasía y misterio y con algunas cosillas más: buena química física y mental, sexual ni os cuento, y poniéndole las cosas difíciles pero fáciles o fáciles pero difíciles. Contarle algo pero dejar que imagine el resto. Enseñarle el camino pero conseguir que los pasos los de él.

Parece complicado pero es fácil enamorar a Piscis si se tiene un poco de carácter y mucha sensibilidad. Se rinden a que los lleven de mano pero que al mismo tiempo los dejen ser ellos mismos.

Tras el periodo de seducción, conquista y culminación, que serán intensos y todo lo largos que haga faltan porque a Piscis le gusta así, llegará la fase más estable, la del verdadero amor. Antes y después, con Piscis todo parecerá la historia de amor más bonita del mundo, pero porque este signo lo vive todo de forma doble: lo real de forma intensa y, paralelamente, otra historia irreal producto de su ilusión e igual de intensa.

Piscis idealiza a las personas y las relaciones como no está escrito. Y cuando coincide lo real con lo imaginado siente que se quiere morir de felicidad.

Sea como sea, una vez que la relación se asienta y se hace más oficial (para los cuatro que quedaban sin saber de ella, porque medio mundo ya ha tenido conocimiento desde el minuto dos), Piscis disfruta como nadie de la parte más social que implica tener pareja. El protagonismo en comidas familiares y reuniones de amigos o en cualquier celebración en la que demostrar que está viviendo una historia de amor le gusta mucho. Piscis da y se entrega y luego quiere presumir de lo conseguido por ser tan generoso. Da gusto verle tan feliz, la verdad. Ha asumido un papel y se siente responsable de que todo salga perfecto, para él, para su pareja y para todos los demás.

En el amor suelen ser detallistas, divertidos, de debatir las cosas aunque sin llegar a caer en la discusión, de defenderse más que de atacar. A cambio pedirán que se entiendan sus necesidades y que se les reconozca su valía y todo lo que hacen por la relación. Lo necesitan para funcionar, pero es que además es gasolina para que anden y den mucho. El beneficio para la pareja de este flujo de dar para recibir es sorprendente. Cuando quieren soledad quieren ser respetados. Cuando quieren halagos por su papel estelar, les gusta ser mimados con eso.

En cuanto al sexo, mejor que haya buen sexo, aunque puestos a prescindir de algo no es lo más importante. Piscis cuando se engancha, lo hace de verdad, con amor, con cuelgue y con lo que haga falta. Lo que no funciona no les importa. Piscis ya tiene su película y es de los que se quedan a verla hasta el final.

Antes de tocar el tema de los cuernos reales, en cuanto a los celos, con Piscis no hay problema. Piscis puede ser celoso o no serlo; y si su pareja lo es, tampoco es algo que le preocupa. Se diría que es un tema con el que no pierden el tiempo, ya lo vivirán cuando sea que llegue y seguro que depende del pie con que se hayan levantado ese día.

Sí se podría decir que Piscis puede ser infiel, aunque no siempre lo será. Lo es cuando lo da todo por acabado aunque si lo hace lo hará de forma continuada y con la misma persona. Es decir, que pueden llevar las dos relaciones mientras se liberan de la primera. Lo cual significa que dio por perdida la primera relación y por eso se metió en la segunda, jamás lo hará si realmente hay amor y las cosas van bien con su pareja.

Cuando el amor se acaba y la relación también, Piscis puede adoptar cierto papel de víctima, pero para protegerse y recuperarse. Y en cuanto lo haga, volverá a la conquista. Claro que no dirá que ya está preparado para empezar de nuevo, pero lo estará. Ya lo creo. Piscis no puede vivir sin amor.