SAGITARIO Y EL AMOR

Para llegar a poder analizar a un Sagitario enamorado antes tendremos que encontrarle, y no porque no se enamore sino porque les cuesta reconocer ese estatus. Es un quiero y no puedo. Quieren estar con alguien y vivir el amor pero cuando llega acompañado de esa nube de etiquetas “amor, pareja, compromiso o futuro…”, Sagitario colapsa durante un tiempo hasta que el amor cae por su propio peso. Todo es por su exagerado concepto de la libertad, que ven amenazada cuando llega cualquier tipo de asociación.

En el fondo, y más de lo que les gusta reconocer, quieren enamorarse y tener una pareja: para disfrutar con ella, para sentir su apoyo, para admirarla, para que les complemente y para darle mucho y recoger el placer del efecto de esa generosidad.

Mientras dura el periodo de seducción con Sagitario todo será fácil si se le pone a la historia mucha imaginación y continuos estímulos. Sagitario se presta a recorrer cualquier camino por sus numerosas inquietudes, por su gran capacidad para la aventura y las emociones fuertes y por una enorme vitalidad que le inclina a experimentar con cosas nuevas en su vida. Si les cuesta relajarse y entregarse al amor verdadero es por esa pequeña inseguridad que les genera al desearlo, sucumbir a tenerlo y empezar a temer perderlo. Sagitario da más problemas al del frente para ser comprendido que para ser conquistado. Se resisten pero están deseando caer.

Una vez que rompen estos esquemas se entregan de forma absoluta y suelen conducir las relaciones de forma inteligente. Demandan lo que quieren sin pensar mucho si es coherente o no, y dan lo que les piden sin pensarlo demasiado. La impulsividad y la sinceridad se hacen dueñas de sus relaciones estables haciéndolas emocionantes y poco rutinarias.

A Sagitario hay que dejarles claro cuánto se les puede aportar a su vida en cuanto a hacerles crecer en positividad, que van sobrados pero quieren más y más, y más. Su amor crece conforme el otro les genera confianza y les deja claro que respeta mucho su libertad y su necesidad de espacio, físico y mental.

Un Sagitario enamorado es alguien que irá demandando deseos y verlos cumplidos exaltará su sentimiento. Hay que destacar el apoyo tremendo que aportan a sus parejas a las que van a proteger como nadie, y no tanto con cuidados diarios para aumentar su bienestar sino haciéndole frente a lo que sea o quien sea que pueda dañar a sus parejas. Van a muerte con los enemigos de sus parejas.

Entre momentos divertidos en el día a día para los cuales son expertos, las tensiones pueden llegar por afrentas a su ansiada libertad. Sagitario siempre estará ahí pero no tanto si siente que pierde su libertad. Sagitario da espacio, dedicación y tiempo pero siempre los que les sobran de sus cuentas: los necesitan para sí mismos como el aire que respiran. Cuando algo de esto falla, se encogen y no demuestran tanto, además de que empiezan a rumiar lo que no les gusta. Ni que decir tiene que la misma libertad que exigen para ellos, la ofrecen para sus parejas. Las personas que sean muy dependientes y no quieran libertad no serán las que enamoren a un Sagitario.

Los celos con Sagitario son una muestra de desconfianza y de querer restarle libertad para poder relacionarse con quienes quieran. No aceptan que nadie se enfade porque ellos se estén relacionando de forma natural. Nuevamente, cualquier presión sobre su manera de actuar que signifique un recorte a sus libertades los pondrá en el disparadero para replantearse la relación. Lo peor que puede pasar además es que se alejen porque Sagitario no es el que le da vueltas y vueltas a un tema para tratar de solucionarlo.

Tanto si se consigue enamorar a un Sagitario como mantenerlo al lado se podrá comprobar que la monotonía no será la que estropee la relación. La alegría de vivir de este signo, lo poco posesivos que son, su positividad y su apoyo corren paralelos a altas dosis de generosidad lo que hace muy fácil estar a su lado. O mejor que fácil, ¡que engancha!